Del nuevo régimen orwelliano
Leyendo el suplemento Fin de Semana en LibertadDigital, me encuentro con un gran artículo de Fco. Pérez Abellán. Es imprescindible resaltar los siguientes párrafos:
La Ley Contra la Violencia de Género ni detiene ni contiene la hemorragia de muertes, pero sí hace aún más insoportable su infierno particular a las parejas que se pelean, discuten y luego se reconcilian. ¿Qué derecho tiene la ley a defender a las víctimas incluso contra su propia voluntad? El derecho de Gran Hermano, la venganza del mundo orwelliano.
Son muchos los periodistas que están denunciando hace tiempo un sistema cada vez más opresor y podrido. Pero los profesionales de la información que se atreven a hacerlo, son demonizados y marginados profesionalmente. Esta semana se denunciaba en el diario gratuito 20 minutos y Qué! (donde entre publicidad y noticias basura es una obra de fe poder encontrar algo de interés) la censura del Ministerio de Defensa impuesta a los militares, quienes no pueden, entre otras cosas, crear blogs. Así empezaron en los EE.UU.
La seguridad no es materia de discusión en la tele, de la que han desaparecido los programas de sucesos. De los crímenes sólo se da sucinta cuenta entre la frivolidad del corazón y el optimismo del deporte. “¡Vamos a algo menos triste…!”, suele decir la reina del magacín cuando cambia de tercio. Se trata de enmascarar la realidad cotidiana, la inseguridad creciente. Es algo propio de las sociedades felices a la fuerza, donde los grandes ladrones acaban saliendo en los programas del corazón más por sus amores que por sus robos.
Así son nuestros informativos de hoy: frívolos. Meros presentadores cuyo cometido se reduce a leer el teleprompter. Ya lo preveía el diseñador de rol Steve Jackson en sus cartas del NWO: el avance del periodismo nihilista.
Es cierto que se dan las noticias de las muertes; incluso los presentadores ponen mala cara cuando les toca hacerlo, pero enseguida se pasa a otra cosa.
Ni mejor ni más claro se puede decir. Pero la gente sigue durmiendo. Seguimos sin querer ver la verdad por temor a no ser felices. Cada vez nos pastorean mejor.
Como muestra, el anuncio publicitario de Groupama, donde una multitud de anormales se tiran sobre el coche de un famoso futbolista repitiendo su nombre una y otra vez en forma de ovejas. Todo un rebaño vergonzoso.